Vivimos en una cultura que normaliza el estrés, admira a quien siempre está ocupado y convierte el descanso en algo que hay que justificar. Es como si estar agotado fuera una demostración de que has trabajado lo suficiente.
La hiperproductividad tiene buna prensa. No hay oferta de empleo donde no aparezcan requisitos como:
«Capacidad para gestionar múltiples tareas simultáneamente»
«Orientado/a a la consecución de objetivos bajo presión»
«Alta tolerancia al estrés»
«Flexibilidad horaria y adaptabilidad»
El trabajo requiere un esfuerzo, pero sabemos el coste oculto que hay detrás de esas frases normalizadas. Y el cuerpo lo percibe.
Mientras seguimos hablando de productividad, motivación o conciliación, cada vez más personas se levantan cansadas, les cuesta concentrarse, sienten que el trabajo ocupa su cabeza incluso cuando ya han llegado a casa y empiezan a perder el interés por aquello que antes les ilusionaba.
Muchas piensan que solo necesitan unas vacaciones o aprender a organizarse mejor, o que el problema está únicamente en su empresa o en ellas mismas. Pero todo parte de un lugar más profundo.
El burnout no aparece de un día para otro. No es un estrés puntual es un proceso silencioso que va erosionando la energía, la motivación, la salud y, en muchos casos, la propia identidad. Y lo preocupante es que no siempre podemos reconocerlo antes de que se instale en nuestra vida.
Para comprender mejor cómo se produce ese desgaste y qué mecanismos lo mantienen, conversamos con el Dr. Carlos Celnamor, médico psiquiatra y psicoterapeuta especializado en estrés laboral y burnout.
Más allá de los síntomas o de las soluciones rápidas, hablamos sobre la relación que mantenemos con el trabajo, la autoexigencia, la dificultad para poner límites, el papel de los entornos laborales y la idea, tan extendida como equivocada, de que descansar es un premio que hay que ganarse.
Porque quizá el mayor problema no sea que vivamos con estrés, sino que lo aceptamos como si fuera el precio inevitable de una vida bien aprovechada.
CONTENIDO
Quién es el Dr. Carlos Celnamor
Carlos Celnamor es médico psiquiatra y psicoterapeuta, especializado en estrés laboral y síndrome de burnout. Su trabajo se centra en ayudar a personas que viven atrapadas en el agotamiento, la autoexigencia y la dificultad para desconectar, abordando el problema desde una perspectiva que integra mente, cuerpo y emociones, más allá del tratamiento exclusivamente farmacológico.
Su trayectoria profesional está marcada también por la experiencia personal. Tras sufrir él mismo un episodio de síndrome de desgaste profesional (burnout), dejó su consulta en Madrid y tomó una decisión radical: mudarse a la montaña, a un pequeño pueblo del Pirineo aragonés. Desde allí atiende a sus pacientes de forma online y continúa divulgando sobre salud mental y la relación con la naturaleza.
En esta entrevista nos explica cómo esta situación cambió profundamente su manera de entender la mente y la relación con el trabajo.
Me interesa compartir su mirada en Voz y Emociones porque el burnout también condiciona la forma de pensar, la capacidad para decidir y la relación que mantenemos con nosotros mismos. Comprender de de donde parte ese desgaste ayuda a entender una de las formas de ruido más normalizadas de nuestra sociedad.
La conversación
El origen del cambio de visión
Tu trayectoria combina la psiquiatría con la psicoterapia y una mirada muy humana sobre el estrés laboral. ¿Qué experiencias, tanto profesionales como personales, te llevaron a dedicarte específicamente al burnout y cómo ha evolucionado tu forma de entenderlo desde entonces?
El motivo principal de dedicarme al burnout es que yo mismo lo he padecido varias veces. Es además un problema que he visto de forma muy repetida en mis pacientes a lo largo de los años, primero como psiquiatra general, antes de dedicarme de lleno a ese tema. Mi propia experiencia, unida a ver que era algo tan importante en la vida de las personas, tan frecuente y a la vez tan poco comprendido, me llevó a especializarme en ello y a divulgar sobre esto.
Y hay algo que es importante entender:
el burnout tiene sus raíces en lo más profundo de nuestra personalidad, de nuestras vivencias vitales y de nuestras heridas más íntimas.
Para trabajarlo de verdad con mis pacientes utilizo todas las herramientas que he ido adquiriendo como psiquiatra y psicoterapeuta, e incluso crear algunas nuevas que nadie me enseñó en el hospital.
Así que… la verdad es que lucho contra el burnout porque es algo que estoy combatiendo constantemente en mí mismo. Y puedo enseñar a hacerlo porque es un camino que yo he recorrido y que estoy actualizando en mí mismo cada día.
Después de años acompañando a personas con estrés laboral, ¿qué has descubierto sobre el burnout que no aprendiste durante tu formación como médico?
Realmente todo lo que he descubierto sobre el burnout ha sido después de mi formación como psiquiatra… porque es algo que no se enseña ni se menciona en la formación de los médicos y sanitarios.
Y yo creo que esto tiene un porqué: los propios médicos somos educados en el contexto y el tipo de mentalidad típicos para acabar en burnout. Sería poco coherente decirle a alguien que tiene que hacer guardias de 24 horas y destruir sus ciclos de sueño y sus biorritmos… mientras le explicas en serio lo grave que es el estrés sostenido en el tiempo para la población.
Así que yo acabé la carrera y la formación como psiquiatra ya en burnout, y sin tener ni idea de qué era lo que me pasaba. Como le sucede a la mayoría de la gente, buscaba la explicación a mis síntomas en la ansiedad, en una posible depresión, en trastornos que al final no te dan verdaderas pistas sobre lo que está sucediendo en el núcleo de la persona y de su vida.
En resumen: lo que he descubierto es que el exceso de estrés es tan sumamente tóxico que destruye nuestro cuerpo y nuestra mente. Y que el estrés laboral es uno de las principales fuentes de estrés que vivimos en nuestra cultura, que se suma a todos los otros estreses de la vida: la desconexión de un ritmo de vida más natural, la crianza de los hijos en un entorno que lo dificulta, las tensiones económicas, las responsabilidades acumuladas, exceso de opciones, información, estímulos, etc.
Comprender el problema
Vivimos en una sociedad donde estar ocupado casi se ha convertido en un símbolo de compromiso, disciplina o responsabilidad. ¿Cuál es la mayor confusión que observas hoy cuando hablamos de estrés laboral y burnout?
Probablemente la mayor confusión está en el nivel de la identidad, y es algo realmente profundo, que requiere un trabajo muy minucioso para poder cambiarlo. Me explico.
La gente adquiere una identidad ligada al éxito profesional, y también vital. Y la manera en la que entendemos ese éxito no la decidimos nosotros: se nos ha dicho cómo tiene que ser desde pequeños. Es el éxito de la cultura occidental, basado fundamentalmente en la productividad, en lo económico y en la sensación de estar aprovechando la vida “a tope”. No es que estas cosas sean malas por sí mismas, no lo pienso, pero sí lo son llevadas al extremo y cuando faltan otros elementos que las equilibran. Y las personas que son exigentes, que se toman muy en serio su vida y buscan lograr ese éxito, lo llevan al extremo más absoluto, hasta el punto de sacrificar su propia salud y su propio bienestar por alcanzarlo.
Creo que esa es la principal confusión: un éxito que en el fondo se reduce a «sólo soy valioso en tanto en cuanto me esfuerzo, produzco y aprovecho el tiempo», dejando de lado toda una faceta de la vida que tiene que ver con la pausa, con el espacio para la conexión y con lo que no es productivo.
Cuando una persona llega a tu consulta convencida de que simplemente está «muy estresada», ¿qué suele estar ocurriendo realmente debajo de la superficie?
A mi consulta te diría que no llegan los que simplemente se sienten estresados. Y aquí abrimos un primer melón importante, porque el estrés en sí mismo la gente lo percibe como un problema menor y poco importante. Lo tenemos totalmente normalizado, cuando en realidad, salvo pequeños estreses puntuales, el estrés crónico es un estado antinatural para el ser humano, y absolutamente tóxico y destructivo.
Como está tan normalizado, la gente no viene a mí cuando está estresada en las fases iniciales, sino cuando ese estrés tóxico ya está generando problemas de salud graves y sensaciones muy dolorosas a nivel psicológico. Eso es lo que la persona quiere resolver.
Y esto es lo que se llama el síndrome de burnout: el conjunto de síntomas que aparecen como consecuencia del estrés sostenido. Fundamentalmente, un agotamiento extremo que no se recupera durmiendo ni con unas vacaciones, y síntomas físicos muy variados: problemas en la piel, problemas digestivos como el SIBO —que muchas veces tiene detrás un cuadro de burnout— o el intestino irritable, problemas inmunológicos, dolores de todo tipo, musculares, bruxismo, alteraciones cardiovasculares. Eso es lo más frecuente, pero realmente cualquier síntoma puede estar producido por el estrés.
Y a nivel mental la gente llega mucho más que nerviosa: con una gran dificultad para concentrarse y para enfocarse, con mucha neblina mental, con apatía y una tristeza a veces muy importante, muy desconectada de la vida, sin motivación y sin ganas. Sintiéndose además muy poca cosa, con muy poca autoestima, y con dificultades graves para tomar decisiones y enfrentarse a retos laborales o personales que antes afrontaba con bastante facilidad. Están literalmente agotados a nivel físico y mental. Y están desconectados de la vida, que para ellos pasa como si fueran zombies que no sienten ni padecen. Y este estado puede durar años si no se hace nada.
Las consecuencias del burnout
¿Qué tipo de diálogo interno, creencias o forma de pensar encuentras con más frecuencia en las personas a las que acompañas y cómo termina condicionando su vida cotidiana?
Fundamentalmente hay dos diálogos internos. Podríamos mencionar muchos más, pero esencialmente son dos.
Uno le dice a la persona que si no se exige más, si no es perfecta, si no se esfuerza y no lo hace todo muy bien —a un nivel muy elevado y difícilmente sostenible—, entonces no es valiosa. Que algo va a ir mal, que todo se va a derrumbar en su vida, que va a acabar viviendo en la calle, e incluso que nadie la va a valorar. Es el diálogo interno profundo, del que mucha gente no es muy consciente, pero es el que está dirigiendo la vida de muchas personas.
El otro es la necesidad de ayudar a todo el mundo y de solucionar los problemas de la gente que tiene alrededor. Esto es lo que yo llamo el rol del salvador, y está impulsando todo el rato a la persona a dejar de priorizarse a sí misma, a dejar de escuchar sus propias necesidades y deseos, y a atender solo el deseo y la necesidad del que tiene delante: su cliente, sus compañeros de trabajo, sus pacientes, sus alumnos. Y por supuesto esto se repite en el entorno familiar y personal, donde estas personas también acaban siendo las salvadoras de todos los que las rodean.
La combinación de los dos suele ser lo habitual, aunque a veces es solo uno el que está llevando a la persona al burnout.
Y luego hay otras creencias que merece la pena mencionar. La de que el problema es que ellos son vagos o débiles: «yo soy el problema», y por lo tanto me machaco, me critico e intento solucionarlo como siempre he intentado solucionar las cosas, esforzándome más, exigiéndome más, dando más. Y eso solo agrava el problema. También la de que nunca van a poder cambiar, de que ya están rotos para siempre, de que nunca volverán a ser los que eran antes; de que la vida es así, y hay que vivir en ese esfuerzo, en esa desconexión, en esa apatía, porque es lo que hay, lo que toca. Y se ve también un bloqueo para hacer cambios en su vida que también tiene que ver con ese estado de baja energía y baja autoestima.
Muchas personas siguen funcionando durante meses o incluso años sin darse cuenta de que viven desde el agotamiento. ¿Qué síntomas pasan más desapercibidos indican que alguien está tomando decisiones desde ese ruido y no desde un criterio realmente propio?
Yo diría que la clave de que la gente pueda permanecer así años, décadas, incluso toda una vida, tiene que ver con el mecanismo de la desconexión interna, emocional y corporal. Es decir, para que una persona se someta a esos niveles de exigencia y de autodestrucción física y mental, la única manera de que el cuerpo lo tolere es desconectarse de sus sensaciones y de los avisos que la mente y el sistema emocional van dando sobre el agotamiento que se está viviendo.
Esto en psiquiatría tiene un nombre y se llama disociación. Que quiere decir “desconexión”. Es el mecanismo que sufren de forma más pronunciada las personas que han vivido un trauma psicológico, que necesitan desconectarse de esa vivencia para vivir el día a día, porque su recuerdo les genera demasiado dolor. Y en el día a día la persona con burnout vive exactamente lo mismo, quizá a un nivel más bajo (depende del caso, porque los hay graves también). Vive desconectada para poder soportar ese nivel de estrés, de exigencia y de carga.
El problema es que la propia desconexión hace que sea difícil darte cuenta de que vives desconectado. Pero puedes buscar sus señales: que ya no disfrutes tanto de la vida y del trabajo como antes lo hacías, o que te apetezca menos algo que antes te gustaba mucho. Me decía una paciente hace un tiempo, que en su caso lo que más le gustaba era viajar: «me di cuenta de que estaba quemada cuando me ofrecieron irme de viaje a otro continente, que antes era mi gran pasión, y ya no me hacía ilusión. Lo rechacé».
También el hecho de estar más irritable con la gente y con la vida en general, sin entender bien por qué. Y esa sensación de agotamiento constante nos da muchas pistas.
La trampa de la hiperproductividad
Hoy se habla constantemente de productividad, resiliencia o gestión del estrés. ¿Qué idea o consejo muy extendido te parece más distorsionado o incluso contraproducente?
Aunque es difícil elegir la idea más contraproducente, creo que la que voy a decir es una que además he escuchado varias veces en podcasts de mucho éxito: la idea de que si tienes un propósito no te puedes quemar.
Esto es absolutamente falso. De hecho, la mayoría de mis pacientes, por no decir el 100 %, se queman por exceso de propósito. Es lo que yo llamo el hiperpropósito: intentan llenar los vacíos en su vida a través de un propósito laboral, o de un propósito externo a ellos (por ejemplo, a veces son personas que ayudan mucho en ONGs, en la asociación de deporte de sus hijos, etc). Y ahí se ve que el propósito no te protege en nada de quemarte. El caso paradigmático para mí somos los propios médicos, que somos una de las profesiones más vocacionales que existen… pero al final la vocación se convierte en una trampa que lleva a miles de profesionales sanitarios a quemarse, odiar la medicina e incluso a acabar perdiendo su vocación por exceso de estrés a la hora de intentar cumplirla.
Otra idea también peligrosa es la de que el burnout se soluciona haciendo más cosas: más deporte, más hobbies, meditar más. Eso es un arma de doble filo, porque muchas de las personas que he atendido ya hacían deporte, incluso ya practicaban ciertos hobbies, y aun así estaban muy quemadas. Porque el problema es más profundo, es más interno. Es lograr un cambio de chip interior que te lleve a vivir con más libertad, con más soltura, y sin poner tu valor en lo que haces, en lo que consigues y en lo que has logrado tachar de tu agenda al final del día. Incluidos hobbies y hábitos de autocuidado. Obviamente el deporte y el autocuidado son pilares importantes, y los trabajo con mis pacientes, pero hay que hacerlo desde una mirada nueva.
Después de acompañar a tantas personas y de haber vivido tú mismo dos episodios de burnout, ¿qué te han enseñado tus pacientes que haya cambiado tu forma de trabajar o incluso tu manera de entender la vida?
Mis pacientes me han enseñado y me siguen enseñando cada día, entre otra cosa porque me sirven de espejo para verme a mí mismo. Para ver esos puntos ciegos que no veo sobre mí. Ayer mismo se me saltaban las lágrimas haciéndole la entrevista inicial de mi programa CIMA para el burnout a una paciente, porque había tenido vivencias infantiles prácticamente idénticas a las mías. Vivencias que la llevaron, de manera automática, a querer complacer a los demás y a olvidarse de sí misma. Veía con mucha claridad cómo estaba atrapada en ese patrón, igual que yo lo he estado durante muchos años. Y en el fondo todavía sigo todavía un poco atrapado… no me he liberado del todo y por eso cada día sigo trabajando en ello.
Otra cosa que me enseñan y me demuestran cada día es la capacidad brutal que tiene el cerebro de cambiar, de moldearse de nuevo y de crear nuevos circuitos para vivir de una forma nueva. Es alucinante los cambios que he visto en muchas personas, que en bastantes casos superan a los que yo mismo he hecho. Gente que ha recuperado la alegría, la felicidad, las ganas de vivir, la libertad interna. Y eso se ha traducido en cambios externos en su vida laboral, en su vida personal, y en acercarse mucho más a cumplir esos sueños que en el fondo, y siempre desde niños, han tenido ahí dentro.
Si tuvieras que resumir en una sola idea qué necesita comprender una persona para proteger su salud sin renunciar a desarrollar una vida profesional plena, ¿cuál sería?
Para mí la idea central es el equilibrio. Tenemos dentro un yin y un yang. Una parte de nosotros necesita autorrealizarse, producir y tener un impacto en el mundo, y esa parte es innegable y es necesaria para una vida plena. Pero también tenemos dentro otra parte que necesita calma, disfrute, conexión con su tribu, con su comunidad. Espacio de reflexión, espacio de disfrute gratuito. Ahí es donde reside la autovaloración gratuita e incondicional hacia nosotros mismos.
Y ambas partes, ese yin y ese yang, se necesitan mutuamente, se nutren la una a la otra. Porque si solo tiramos de la parte productiva, al final el edificio se derrumbará. Necesitamos las dos para tener una vida plena, y eso es lo que la gente tiene que entender.
Un consejo para empezar
Para alguien que siente que lleva demasiado tiempo viviendo con estrés, le cuesta desconectar del trabajo y sospecha que está entrando en un proceso de burnout, ¿qué pequeño hábito o práctica recomendarías poner en marcha esta misma semana?
Honestamente, y aunque esto va a sonar a marketing… creo que lo mejor que puede hacer una persona que siente que puede estar teniendo estos problemas es apuntarse a mi comunidad gratuita por email en carloscenalmor.com, donde además va a tener acceso de forma gratuita a mi test de burnout y podrá ver en pocos minutos su nivel de burnout actual. Para eso lo he creado, para ayudar a las personas a saber su situación y ayudarles en el camino después.
Digo esto porque, al final, lo que más necesita una persona que está sufriendo burnout sin ninguna duda es parar un poquito, mirarse a sí misma y entender lo que le está pasando por dentro, para poder activar los cambios que cada uno necesita. Y ese pequeño espacio de reflexión es lo que yo doy en mi email diario, donde cada día voy transmitiendo consejos breves, ideas, anécdotas de mi propia experiencia y de mis pacientes, historias muy inspiradoras que irán ayudando a la gente a realizar esos cambios.
Conectar con uno mismo para evitar el burnout
Tras la conversación con Carlos Celnamor hay algo que no podemos ignorar más: el burnout no empieza cuando el cuerpo se rompe, sino mucho antes. Y casi siempre desde dentro, en la forma en que hemos aprendido a medir nuestro valor, relacionarnos con el trabajo y responder a nuestras propias necesidades.
Sus respuestas nos aportan nuevos puntos de vista sobre el ruido del que siempre hablamo, que no siempre llega en forma de exceso de información o pensamientos que se amontonan. A veces adopta la forma de exigencia, productividad, hiperpropósito o desconexión de lo que necesitamos. Y cuando dejamos de escucharlo, el cuerpo termina hablando por nosotros.
Una vez que lo sabemos, además de preguntarnos cuánto más podemos hacer, necesitamos abrir otra pregunta, quizá más incómoda pero necesaria: qué estamos sosteniendo que ya no necesitamos seguir sosteniendo.
Puedes conocer más sobre el trabajo de Carlos Cenalmor en su web: Carlos Cenalmor
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