Ana Ropa: comunicar con seguridad empieza mucho antes de hablar

Las manos te sudan, el corazón va a mil por hora, las piernas tiemblan, tu garganta se seca, las palabras se enredan en tu mente…y en tu lengua.

Aún no has empezado y el miedo ya te está paralizando.

¿Te suena?

Hablar en público sigue siendo uno de los mayores miedos para muchas personas. Pero, ese estado no aparece cuando nos ponemos delante de un auditorio o encendemos la cámara. Empieza en esa conversación silenciosa que mantenemos con nosotros mismos: «voy a hacerlo mal», «se van a dar cuenta», «no soy lo bastante bueno», «me voy a quedar en blanco».

Al final, muchas veces no nos bloquea el escenario, ni las personas. Nos bloquea todo lo que pensamos sobre nosotros antes incluso de abrir la boca.

Por eso tenía muchas ganas de hacer esta entrevista a Ana Ropa. Como actriz, comunicóloga audiovisual y formadora, lleva años ayudando a personas que sienten auténtico pánico al exponerse delante de los demás.

Sin embargo, cuanto más conocía su trabajo, más claro veía que no enseña únicamente técnicas para hablar en público. Lo que realmente hace es ayudar a desmontar la vergüenza, los automatismos y las creencias que hacen que acabemos escondiendo nuestra propia voz.

Es «domadora oficial de gargantas secas» y lo hace forma muy cercana, natural y con mucho humor.

Esta conversación forma parte de Voz y Emociones porque la comunicación nunca empieza en las palabras. Empieza mucho antes: en cómo pensamos, en cómo nos miramos y en el permiso que nos damos para mostrarnos tal y como somos.

Y ahí, el ruido mental tiene mucho que decir.

Si alguna vez has evitado una reunión, una presentación, un vídeo o simplemente has sentido que los nervios hablaban más alto que tú ¡bienvenido al club. Creo que esta conversación puede ayudarte a entender que comunicar con más seguridad no consiste en parecer otra persona, sino en dejar de luchar contra quien ya eres.

¡Comenzamos!

Entrevista a Ana Ropa

Cómo superar el miedo a hablar en público

Eres actriz y llevas años formando a personas para hablar en público con más seguridad. ¿Qué experiencia personal te llevó a crear Comunicar sin Vergüenzas y en qué momento comprendiste que enseñar técnicas de comunicación, por sí solo, no era suficiente? 

Fue curioso porque el primer impulso vino de fuera. Fue Guiomar Sánchez Mill, quien hoy es mi editora, la que lo vio claro nada más conocerme. Como cuento en el prólogo de mi libro Comunica Sin Vergüenzas, ella sentía en primera persona la necesidad de mejorar su comunicación y reconoció que todo lo que yo llevaba años haciendo en el ámbito escénico podía aplicarse a la comunicación profesional. Y, de pronto, yo también lo vi clarísimo.

Ayudar a otros a enfrentarse al público era algo que ya llevaba mucho tiempo haciendo. Solo tenía que reenfocarlo.

También comprendí muy pronto que conocer técnicas no es suficiente. Puedes saber dónde colocar las manos, cómo estructurar un discurso o hacia dónde mirar y, aun así, quedarte paralizado. Porque comunicar no es solo saber qué hacer: hay que entrenarlo, exponerse y aprender a convivir con la incomodidad.

La seguridad no llega antes de actuar; aparece precisamente porque actúas.


Cuando alguien llega a ti convencido de que «no sabe comunicar», ¿qué mecanismo suele estar ocurriendo realmente detrás de ese miedo o esa vergüenza?

Normalmente, no es que no sepa comunicar. De hecho, esa misma persona puede contar una historia estupendamente tomando un café. El problema aparece cuando siente que está siendo observada y evaluada.

Entonces deja de pensar en lo que quiere aportar y empieza a vigilarse: “¿Estaré haciendo el ridículo?”, “¿Se me notarán los nervios?”, “¿Qué hago con las manos?”. Se mira desde fuera mientras intenta hablar y termina desconectándose del mensaje.

Por eso una de las ideas que más repito (mi mantra favorito) es:

olvídate de ti.

Cuanto más pendiente estás de cómo quedas, menos pendiente estás de quien te escucha. Y comunicar es, ante todo, un acto de servicio.


Una vez detectado ese bloqueo, ¿qué es lo primero que intentas cambiar para que la persona deje de vivir la comunicación como una amenaza y empiece a disfrutarla? 

Cambio el foco. Le ayudo a dejar de pensar “tengo que hacerlo bien” para empezar a pensar “¿qué quiero que esta persona comprenda, sienta o haga?”.

Cuando tu objetivo deja de ser demostrar tu valía y pasa a ser ayudar a quien tienes delante, la presión disminuye. No desaparecen necesariamente los nervios, pero dejan de mandar.

También trabajamos desde la práctica desde el primer momento. La seguridad no se consigue leyendo consejos sobre seguridad. Hay que hablar, equivocarse, recibir una devolución concreta y volver a intentarlo. Ahí empieza incluso a disfrutarse.

Cómo eliminar el ruido mental al hablar en público

En Voz y Emociones hablamos del ruido mental como todo aquello que dificulta pensar y expresarse con claridad. Desde tu experiencia, ¿qué tipo de ruido aparece con más frecuencia cuando alguien tiene que exponerse delante de otras personas y cómo consigues que deje de dominar la situación? 

El ruido más frecuente es la anticipación: imaginar todo lo que podría salir mal antes de que haya ocurrido nada. “Me voy a quedar en blanco”, “van a notar que estoy nerviosa”, “me harán una pregunta que no sabré responder”.

A eso se suma el perfeccionismo: creer que para comunicar bien hay que hacerlo todo impecable. Y no. Una persona puede dudar, rectificar o perder una palabra y seguir comunicando estupendamente.

Para reducir ese ruido trabajamos con objetivos muy concretos. En lugar de intentar controlar veinte cosas a la vez, elegimos una: hoy voy a mantener la mirada, hacer pausas o terminar las frases. Cuando el cerebro tiene una tarea clara, deja menos espacio para la película de terror.


Hoy parece que existen reglas para todo: cómo mirar, cómo gesticular, cómo vender, cómo contar historias… ¿Crees que ese exceso de consejos puede acabar generando más inseguridad? ¿Cómo ayudas a tus alumnos a quedarse con lo realmente importante sin saturarse? 

Totalmente. Hay personas que ya no hablan: ejecutan instrucciones. Miran tres segundos, mueven una mano, sonríen, hacen una pausa… y parecen un robot intentando pasar una prueba de humanidad.

Las técnicas sirven, pero no son mandamientos. Hay que entender para qué sirven y adaptarlas a cada persona y situación.

Por eso no intento corregirlo todo a la vez. Priorizamos qué cambio tendrá mayor impacto y entrenamos ese aspecto hasta incorporarlo. Después avanzamos al siguiente.

Comunicar mejor no consiste en añadir capas de control, sino en eliminar interferencias para que el mensaje llegue.


En muchos testimonios de tus alumnos aparece una idea que se repite: dejan de intentar parecer alguien para empezar a comunicarse siendo ellos mismos. ¿Qué suele cambiar en una persona cuando deja de buscar la aprobación y empieza a confiar en su propia manera de comunicar? 

Se libera. Deja de intentar sonar inteligente, profesional o interesante y empieza a estar presente.

Eso no significa “yo soy así” y renunciar a mejorar. La naturalidad también se entrena. Se trata de ampliar tus recursos sin convertirte en una copia de otra persona.

Cuando dejan de buscar aprobación, suelen hablar con más claridad, ocupar su espacio, mirar de verdad y reaccionar con mayor flexibilidad. Y ocurre algo curioso: cuanto menos se esfuerzan por gustar, más conectan.

Cómo se gana confianza para comunicar

¿Hay algún momento durante una formación en el que notes claramente que una persona ha hecho ese «clic»? ¿Qué cambia en su forma de hablar, de moverse o incluso de relacionarse con los demás? 

Sí, y se nota muchísimo. El cuerpo deja de pedir perdón: la postura se abre, la mirada se sostiene y los gestos aparecen de forma más libre. La voz también cambia; gana intención y deja de sonar como si estuviera recitando una lección.

Pero el cambio más importante no siempre es visible. La persona deja de castigarse por cada error. Si pierde una palabra, continúa. Si algo no sale como esperaba, se adapta. Ya no interpreta cualquier fallo como una catástrofe.

Ese es el verdadero clic: no pensar “ya no voy a ponerme nerviosa”, sino “aunque me ponga nerviosa, sé que puedo hacerlo”.


Después de acompañar a tantas personas, ¿qué aprendizaje te han regalado tus propios alumnos que haya cambiado tu forma de entender la comunicación?

Me han enseñado que no existe una única forma correcta de comunicar. Dos personas pueden transmitir el mismo mensaje de maneras completamente diferentes y funcionar igual de bien.

También me han confirmado que muchas limitaciones que parecen técnicas son, en realidad, permisos que uno no se concede: permiso para ocupar espacio, para hacer una pausa, para no saber algo, para expresarse con firmeza o para ser visible.

Yo puedo darles herramientas y acompañarlos en el entrenamiento, pero el cambio sucede cuando empiezan a concederse esos permisos.


¿Recuerdas algún caso especialmente transformador que te enseñara algo importante sobre el miedo a exponerse o sobre cómo las personas recuperan la confianza para comunicar

Hay muchos, y en contextos muy diferentes.

María pasó de sentir auténtico pánico escénico a defender una conferencia brillante. María del Mar sufría muchísimo en sus exposiciones y terminó obteniendo la nota más alta en esa área ante el tribunal de su oposición. Pilar detestaba grabarse para redes; ahora publica vídeos sin parar y ha multiplicado por cinco sus seguidores y visualizaciones.

Todos estos casos me recuerdan algo: la confianza no es una cualidad que algunas personas tienen y otras no. Se construye con preparación, entrenamiento y exposición progresiva.

No esperaron a dejar de sentir miedo para empezar. Empezaron, y por eso el miedo dejó de decidir por ellas.

Consejo práctico para comunicar sin vergüenza

Para alguien que evita reuniones, vídeos o presentaciones porque siente que la vergüenza siempre gana, ¿qué pequeño ejercicio o hábito recomendarías empezar esta misma semana para recuperar seguridad y claridad al comunicar?

Le propondría una exposición pequeña y diaria. Por ejemplo, grabar cada día un vídeo de un minuto explicando una sola idea. Sin publicarlo, sin repetir veinte tomas y sin intentar hacerlo perfecto.

Después, que lo vea fijándose únicamente en una cosa que funciona y otra que quiera mejorar. Nada de hacer una autopsia completa del vídeo.

La vergüenza crece con la evitación y disminuye con la exposición.

No necesitas empezar dando una conferencia ante quinientas personas. Necesitas demostrarte, poco a poco, que puedes comunicar aunque no te sientas completamente preparada. Porque, además, completamente preparada no te vas a sentir nunca.


Después de conversar con Ana Ropa, resulta difícil seguir pensando que hablar en público es solo una cuestión de técnicas. Detrás de los nervios, los silencios o el miedo a quedarse en blanco suele haber algo mucho más profundo:

el diálogo que mantenemos con nosotros mismos antes de empezar a hablar.

Por eso esta entrevista aporta un punto de vista muy valioso y muy relacionado con lo que pretendo transmitir en Voz y Emociones:

el ruido mental que puede influir en nuestra forma de comunicar con claridad y criterio, porque no consiste en controlar cada gesto, cada palabra o cada pausa sino en reducir la interferencia que nos convierte en nuestros propios espectadores.

Cuando dejamos de obsesionarnos con cómo quedamos y volvemos a centrarnos en el mensaje que realmente queremos transmitir y en quien tenemos delante, todo cambia.

Quizá la próxima vez que tengas que intervenir en una reunión, grabar un vídeo o hablar ante otras personas no necesites parecer más seguro. Tal vez solo necesites hacer un poco menos de caso al ruido que intenta convencerte de que no puedes.

Si te ha resultado útil, puedes seguir explorando otras entrevistas del proyecto y conocer más sobre el trabajo de Ana Ropa en:

Su web: Comunica sin vergüenzas


Explora más entrevistas:

Si este tema te ha resultado interesante, en Voz y Emociones encontrarás otras conversaciones con profesionales que, desde perspectivas diferentes, comparten un mismo objetivo eliminar el ruido para vivir con más claridad y mejor criterio.
Esta conversación forma parte de la serie de entrevistas de Voz y Emociones. Accede aquí al listado completo.

2 comentarios en «Ana Ropa: comunicar con seguridad empieza mucho antes de hablar»

  1. Hablar en público sobre un tema concreto es fácil si conoces bien el tema del que hablas. Por eso, para mí es importante prepararme durante los días previos, sobre todo a mi edad (78 años), porque con el paso de los años puedes correr el riesgo de tener algún vacío de memoria o de no encontrar las palabras adecuadas.

    La seguridad se adquiere con la práctica y con no tener miedo de quienes te escuchan. Si confías en ti misma, el público lo percibe, e incluso una pequeña vacilación no se interpreta como un error.

    Antes de empezar, piensa únicamente en quién eres y en lo que quieres comunicar. Aleja todos los miedos, porque en realidad no existen. Solo estás tú, con el deseo y la capacidad de transmitir algo valioso.

  2. Así es. ¡La pasión por lo que quieres transmtir también se percibe!

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