Hay momentos en los que la dificultad no está en lo que tenemos delante, sino en lo que ocurre dentro de nosotros. Un examen, una competición, una reunión importante o una conversación complicada pueden despertar un diálogo interno capaz de hacernos dudar incluso de aquello que sabemos hacer bien.
Por eso tenía ganas de entrevistar a Álex Núñez. Como psicólogo deportivo, trabaja con deportistas que conviven a diario con la presión, la incertidumbre y la exigencia de rendir cuando más importa.
Pero cuanto más conocía su trabajo, más claro veía que muchas de esas herramientas no pertenecen únicamente al deporte. También hablan de cómo gestionamos el miedo, la frustración, la confianza o el error en nuestra vida cotidiana.
Esta entrevista forma parte de Voz y Emociones porque el ruido mental no distingue entre un estadio lleno y una oficina. Siempre aparece cuando sentimos que hay demasiado en juego.
CONTENIDO
Quién es Álex Núñez
Álex Núñez es psicólogo deportivo, coach y formador especializado en entrenamiento mental y rendimiento. Tras haber vivido el deporte de competición en primera persona, decidió orientar su trayectoria profesional a acompañar a deportistas, entrenadores y equipos en la gestión de la presión, la confianza y el desarrollo de una mentalidad más sólida.
A lo largo de los últimos años ha trabajado con atletas de élite, deportistas olímpicos y equipos de distintas disciplinas. Sin embargo, gran parte de lo que observa va más allá del deporte. Las dudas antes de un momento importante, el miedo a fallar, la exigencia constante o el exceso de presión son experiencias que cualquier persona puede reconocer.
Precisamente por eso su mirada conecta de forma natural con el propósito de Voz y Emociones:
comprender qué ocurre en nuestra mente cuando el ruido amenaza con impedirnos rendir, decidir o simplemente actuar.
¡Comenzamos!
Entrevista a Alex Nuñex. El origen de una mente preparada para la presión
Del deporte a comprender la mente
Álex, antes de dedicarte a la psicología deportiva viviste el deporte de competición desde dentro. ¿Qué experiencia personal cambió tu forma de entender la presión y te llevó a centrar tu trabajo en el entrenamiento mental?
Cuando compites desde joven entiendes muy pronto que saber hacer algo no siempre significa ser capaz de hacerlo cuando realmente importa. Yo mismo viví esa diferencia entre estar preparado y sentir que, en determinados momentos, la presión podía modificar mi manera de competir.
Con 16 años fui deportista becado en un Centro de Tecnificación Deportiva y aquella etapa me permitió experimentar de primera mano las exigencias del alto rendimiento: expectativas, comparación, resultados, errores, dudas… Con el tiempo entendí que muchas veces no era el nivel técnico o físico lo que marcaba la diferencia, sino la relación que teníamos con nuestros propios pensamientos y emociones.
Ahí empezó a interesarme especialmente la parte mental del rendimiento. No desde la idea de conseguir una mente que nunca dude o nunca sienta presión, sino desde aprender a competir y actuar incluso cuando esas sensaciones aparecen. Esa es, en gran medida, la base de mi trabajo actual.
Lo que el deporte te enseña sobre la mente
Después de acompañar durante años a deportistas de élite, entrenadores y equipos, ¿qué has descubierto sobre el funcionamiento de la mente que también podría ayudar a cualquier persona fuera del deporte?
Que, en realidad, somos mucho más parecidos de lo que pensamos.
Cambia el escenario, pero muchas veces no cambia tanto lo que ocurre dentro. Un deportista puede pensar “si fallo, decepcionaré a todos”, mientras que una persona puede pensar “si me equivoco en esta reunión, pensarán que no soy competente”. En ambos casos aparece el miedo a equivocarse, la necesidad de control, la comparación o una exigencia excesiva.
Una de las cosas que más he aprendido es que no necesitamos eliminar esos pensamientos para funcionar bien. Necesitamos aprender a relacionarnos con ellos de otra manera. La fortaleza mental no consiste en no sentir miedo, sino en poder seguir tomando buenas decisiones aunque el miedo esté presente.
Más allá de los nervios. Qué ocurre realmente cuando sentimos que hay demasiado en juego
Más allá de los nervios que puede sentir un deportista antes de competir, ¿qué has aprendido con la experiencia sobre lo que realmente condiciona su rendimiento mental? ¿Hay algún ejemplo que te haya hecho cambiar tu forma de entenderlo?
He aprendido que muchas veces llegamos demasiado rápido a la conclusión de que “son los nervios”.
Los nervios suelen ser la parte visible, pero debajo puede haber muchas cosas diferentes: miedo a fallar, perfeccionismo, necesidad de demostrar, expectativas externas, inseguridad, cansancio, una lesión previa, una mala experiencia o incluso una identidad demasiado vinculada al resultado.
He acompañado a deportistas que entrenaban extraordinariamente bien y, sin embargo, competían por debajo de su nivel. Al principio podríamos pensar que necesitan más confianza. Pero cuando profundizas descubres que el problema no es simplemente “tener poca confianza”, sino que durante la competición empiezan a vigilarse constantemente: cómo están jugando, qué estará pensando el entrenador, qué pasará si pierden…
Y cuando una persona empieza a observarse demasiado mientras intenta rendir, deja de estar plenamente centrada en aquello que tiene que hacer. Ese tipo de casos me han enseñado que muchas veces no hay que trabajar para que el deportista se sienta seguro antes de actuar; hay que enseñarle a actuar aunque no se sienta completamente seguro
El verdadero origen del bloqueo
Cuando un deportista llega convencido de que el problema está en la falta de confianza o en los nervios, ¿qué suele haber realmente detrás de ese bloqueo? ¿Qué patrones observas que se repiten con más frecuencia?
Hay varios patrones que aparecen una y otra vez: el miedo al error, la necesidad de controlar todo, el perfeccionismo, la comparación constante y una excesiva dependencia del resultado para valorar el propio rendimiento.
También aparece mucho el “todo o nada”: “si hoy no gano, significa que no estoy preparado”; “si fallo este punto, voy a perder”; “si no soy titular, es que no confían en mí”.
Y hay algo especialmente importante: muchas personas intentan solucionar su inseguridad buscando sentirse seguras antes de actuar. Esperan a tener confianza para atreverse. Pero la confianza muchas veces funciona al revés: se construye después de actuar, exponerse, equivocarse y comprobar que uno puede seguir adelante.
Ruido mental, presión y rendimiento. Cuando la cabeza juega en contra
En Voz y Emociones hablamos del ruido mental como todo aquello que dificulta pensar, decidir y actuar con claridad. ¿Qué tipo de ruido aparece con más frecuencia en los momentos de máxima presión y cómo termina afectando al rendimiento?
El ruido más habitual suele tener que ver con el futuro y con la evaluación: “¿y si fallo?”, “¿qué pensarán de mí?”, “¿y si no estoy a la altura?”, “tengo que hacerlo perfecto”.
El problema es que nuestra atención tiene una capacidad limitada. Si una parte importante está ocupada intentando anticipar consecuencias, evitar errores o controlar nuestras sensaciones, queda menos espacio disponible para percibir, decidir y ejecutar.
En el deporte esto puede hacer que un jugador deje de leer el juego para empezar a pensar en cómo está jugando. Fuera del deporte sucede exactamente lo mismo: alguien deja de centrarse en la reunión y empieza a pensar en cómo está siendo percibido por los demás.
Señales de que el ruido ha tomado el control
Muchas personas creen que están tomando decisiones racionales cuando, en realidad, están reaccionando desde el miedo o la exigencia. ¿Qué señales te indican que alguien está actuando desde ese ruido interno y no desde un criterio propio?
Una señal muy clara es cuando la decisión está orientada principalmente a evitar una emoción: evitar sentir vergüenza, miedo, culpa o sensación de fracaso.
También cuando aparece una urgencia excesiva por resolver, controlar o demostrar algo. La persona deja de preguntarse “¿qué quiero o qué considero importante?” y empieza a preguntarse “¿qué tengo que hacer para que esto salga bien y nadie piense mal de mí?”.
Otra señal es la dificultad para aceptar alternativas. Cuando estamos dominados por el ruido interno tendemos a pensar en términos absolutos: tengo que hacerlo así, no puedo fallar, esto no puede salir mal. T
omar decisiones desde un criterio propio no significa no sentir miedo. Significa que el miedo deja de ser quien toma la decisión.
El mito más extendido: lo que solemos entender mal sobre la fortaleza mental
¿Qué idea sobre la fortaleza mental o el rendimiento te resulta más distorsionada y crees que genera más frustración que resultados, tanto dentro como fuera del deporte?
Probablemente esta: “ser fuerte mentalmente significa no dudar, no ponerse nervioso y estar siempre motivado”.
Es una idea muy peligrosa porque convierte emociones humanas normales en señales de debilidad. Si siento miedo, pienso que no estoy preparado. Si dudo, pienso que me falta confianza. Si estoy nervioso, pienso que algo va mal.
La fortaleza mental no consiste en eliminar todo eso. Consiste en poder convivir con cierta incomodidad y seguir haciendo aquello que toca hacer. Un deportista mentalmente fuerte también puede tener miedo. Puede dudar. Puede tener un mal día. La diferencia está en que no necesita esperar a encontrarse perfecto para seguir avanzando.
Enseñanzas de los deportistas
Después de trabajar con personas que compiten al máximo nivel, ¿qué aprendizaje te han regalado tus propios deportistas que haya cambiado tu manera de entender la mente, la presión o el éxito?
Me han enseñado que el éxito es mucho más amplio que ganar.
He visto deportistas conseguir resultados extraordinarios y sentirse vacíos porque no disfrutaban del camino, y otros que después de perder una competición salían de la pista enormemente orgullosos de cómo habían competido.
También me han enseñado algo que parece sencillo, pero que cuesta mucho aplicar: no podemos controlar completamente el resultado, pero sí podemos aprender a controlar dónde ponemos nuestra atención, cómo respondemos a los errores y qué hacemos con aquello que nos ocurre.
Y, sobre todo, me han recordado que detrás de cada deportista hay una persona. A veces estamos tan centrados en el rendimiento que olvidamos preguntar cómo está esa persona que tiene que sostenerlo.
La idea que todos deberíamos comprender
Si tuvieras que resumir en una sola idea qué necesita comprender una persona para dejar de ser su peor rival cuando siente que hay mucho en juego, ¿cuál sería?
Que no necesita sentirse completamente segura para actuar bien.
Muchas veces creemos que primero tiene que desaparecer el miedo, la duda o la presión y después podremos actuar. Pero la vida no funciona así.
La clave está en aprender a decir: “puedo sentir esto y, aun así, hacer lo que considero importante”. Cuando dejamos de luchar constantemente contra nuestras propias emociones y pensamientos, recuperamos una cantidad enorme de energía que podemos utilizar para aquello que realmente importa.
Una aplicación práctica
Para alguien que siente que la presión acaba dominándole en una reunión, un examen, una competición o cualquier situación importante, ¿qué ejercicio, hábito o pequeña práctica recomendarías poner en marcha esta misma semana para empezar a recuperar claridad y confianza?
Le propondría algo muy sencillo: durante una semana, cada vez que aparezca una situación de presión, que se haga tres preguntas:
¿Qué estoy sintiendo?
¿Qué me estoy diciendo?
¿En qué quiero centrar mi atención ahora?
No se trata de responderlas para eliminar lo que sentimos, sino para dejar de actuar automáticamente.
Y añadiría una cuarta pregunta:
«¿Qué pequeña acción puedo hacer ahora que esté bajo mi control?»
Porque cuando sentimos presión tendemos a mirar hacia el resultado final, que muchas veces no controlamos. Volver al siguiente paso, a la siguiente acción, a lo que sí depende de nosotros, ayuda a recuperar claridad.
La confianza no siempre aparece antes de actuar. Muchas veces aparece después de comprobar que, incluso bajo presión, somos capaces de seguir adelante.
Creo que esta entrevista tiene una oportunidad muy potente
Hay una idea que atraviesa todas las preguntas sin decirla explícitamente:
La presión no crea a la persona que somos; revela la relación que mantenemos con nosotros mismos.
Si Álex desarrolla esa idea durante la conversación, la entrevista dejará de ser sobre psicología deportiva para convertirse en una conversación sobre cómo pensamos cuando sentimos que no podemos fallar. Y ese es un tema que conecta de lleno con Voz y Emociones.
Hablar con Álex Núñez deja una idea que va más allá del deporte:
muchas veces esperamos sentirnos seguros para poder actuar, cuando la confianza se construye precisamente al actuar, incluso cuando aparecen el miedo, la duda o la presión.
El ruido mental aumenta cuando nuestra atención se desplaza de lo que estamos haciendo hacia todo lo que podría salir mal, lo que otros pueden pensar o lo que creemos que deberíamos demostrar. Y cuanto más intentamos controlar esas variables, menos espacio queda para decidir y actuar desde nuestro propio criterio.
Quizá por eso la fortaleza mental no tenga tanto que ver con sentirse invulnerable como con poder decir: «Puedo sentir esto y, aun así, hacer lo que considero importante».
Una idea sencilla, pero bastante menos cómoda que esperar a que desaparezca el miedo
Puedes conocer más sobre el trabajo y seguir a Álex Núñez en su perfil de Instagram
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Si este tema te ha resultado interesante, esta conversación forma parte de la serie de entrevistas de Voz y Emociones, junto a otras voces que, desde distintos ámbitos y perspectivas, exploran una misma cuestión: cómo eliminar el ruido para recuperar espacio mental, criterio y claridad, y vivir de una manera más consciente.
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