Nos interesa conocernos mejor. Aprender, evolucionar, desarrollarnos.
Pero, a veces, esa búsqueda puede convertirse en una tela de araña de la que no resulta tan fácil salir.
Porque cuanto más sabes, más brillante puedes volverte construyendo explicaciones. Y, en ocasiones, también autoengaños. Tan convincentes que acabas creyéndotelos.
Tal cual.
Pensar que siempre puedes leer otro libro, buscar una respuesta distinta o encontrar una pieza más para entender lo que nos ocurre puede ser, en el fondo, una forma de protegernos.
¿Es una forma de ignorancia?
No necesariamente
¿Quien no lo hace es más inteligente?
No necesariamente
Pero la inteligencia puede jugar en tu contra cuando la mente utiliza toda esa capacidad para encontrar razones que justifiquen no dar el siguiente paso.
Analizamos, relacionamos, buscamos el origen de cada emoción, de cada miedo y de cada bloqueo, convencidos de que el cambio está cada vez más cerca.
Pero ¿y si comprender y cambiar no fueran la misma cosa?
Hay una diferencia enorme entre entender un mapa y empezar a caminar.
Entenderte no siempre te transforma. A veces solo te convierte en alguien muy bueno explicando por qué sigue donde está.
¿Ha habido alguna explicación a la que te hayas aferrado durante demasiado tiempo?