Tengo que cambiar la nevera.
Pero ya.
Dentro tiene un bloque de hielo que empieza a parecerse sospechosamente a la Antártida. Si lo sigo posponiendo, cualquier día aparece un pingüino reclamando derechos de ocupación.
Pero hay tantas opciones y comparativas que solo pensar en elegir me vienen los siete males.
Hablando de todo esto, de que las cosas ya no duran como antes y de que parece que todo está hecho para consumir, alguien dijo:
«Vivimos en la sociedad de usar y tirar.»
Esa frase se quedó dando vueltas en mi cabeza.
Porque creo que ya no solo vivimos en una sociedad que fabrica objetos para durar menos.
Vivimos en una sociedad que nos acostumbra a permanecer menos tiempo con casi todo.
Seguro que conoces a alguien que todavía conserva un teléfono «modelo ladrillo», una lavadora con más de veinte años o ese electrodoméstico heredado de una abuela que sigue funcionando contra todo pronóstico.
Sin embargo, hoy no solo cambiamos de objetos.
Empezamos una serie sin terminar la anterior.
Saltamos de un vídeo a otro, de una idea a la siguiente, de una conversación a otra, con la misma rapidez con la que las palomas picotean migajas en el suelo.
No es solo una forma de consumir. Es entrenar la atención para buscar lo siguiente antes de profundizar en lo anterior.
Nos estamos acostumbrando a no permanecer el tiempo suficiente para que las cosas echen raíces.
Y ese hábito no va solo de electrodomésticos.
Ese es uno de los ruidos más silenciosos de nuestro tiempo.
La atención también se entrena. Recuperar la capacidad de permanecer quizá sea una de las formas más sencillas de empezar a bajar el volumen del ruido.
Me he quedado dándole vueltas…
¿Tú qué piensas? ¿Vivimos en una sociedad de usar y tirar… o el problema es que cada vez nos cuesta más permanecer?