¿Has visto la serie Black Mirror ?
Uno de los episodios que más se me quedó grabado es «Nosedive» (Caída en picado).
Todo el mundo es amable, sonríe, se comporta como se espera y, sobre todo, intenta gustar. Porque cada interacción tiene una puntuación en una app.
Y esa puntuación determina mucho más que su popularidad. Puede abrir o cerrar puertas: vivienda, trabajo, servicios, transporte…
El capítulo fue emitido en 2016. Y mira…ni tan lejos de la realidad.
La protagonista, Lacie, vive pendiente de hacerlo todo bien, de caer bien, de mantener su personaje.
Hasta que aparece Susan. Una camionera que recoge a Lacie en un momento complicado y que, después de llevarse un buen golpe de realidad en su vida, las puntuaciones se la traen al pairo.
No necesita fingir que todo está bien ni caerle bien a todo el mundo. Y, por eso, consigue decirle a la Lacie cosas que nadie más se atreve a decirle.
No te voy a contar cómo termina. Hasta ahí puedo leer. Si el final merece o no la pena lo tendrás que judgar tú.
Pero cuando pienso en este episodio me pregunto hasta qué punto hacemos algo parecido, aunque no exista una aplicación que nos ponga una estrella al lado del nombre.
Buscamos aprobación, ajustamos nuestras opiniones y medimos nuestras decisiones según lo que hacen, piensan o dicen los demás.
Y poco a poco podemos dejar de preguntarnos qué pensamos nosotros.
Por eso escribí sobre esto hace unos días:
Por qué cada vez cuesta más desarrollar un criterio propio
Para darle una vuelta: ¿Cuánto de lo que haces esta semana lo harías igual si nadie fuera a enterarse?