Por qué cada vez cuesta más desarrollar un criterio propio

Hay algo cada vez resulta más difícil responder con honestidad:

¿qué pienso realmente sobre esto?

No qué opina la mayoría. Tampoco qué dicen los expertos, lo qué circula por las redes o qué espera el entorno. No. Es más personal:

¿qué piensas tú realmente cuando apartas todas esas voces?

Con tanta cantidad de información a nuestro alcance nunca habíamos tenido tantas posibilidades de pensar por nosotros mismos y, al mismo tiempo, nunca había resultado tan fácil terminar pensando como los demás.

Esa inmediatez no siempre ayuda a nuestra capacidad de reflexión e inteligencia. Pero eso no quiere decir que la hayamos perdido.

El caso es que con tal cantidad de opiniones, análisis, consejos, recomendaciones y explicaciones ocupan gran parte del espacio donde antes nuestras ideas tenían tiempo para tomar forma.

No dejamos de pensar por nosotros mismos de un día para otro, pero nos acostumbramos tanto a escuchar voces externas que terminamos perdiendo el hábito de escuchar la nuestra.

Por qué hoy cuesta más

Desarrollar un criterio propio no significa tener siempre razón, ni desconfiar de todo por sistema. Significa ser capaz de observar una situación, escuchar diferentes perspectivas y, después, elaborar una conclusión que puedas reconocer de verdad como tuya. Ese proceso siempre ha requerido tiempo, y hoy se desarrolla en un entorno muy distinto al de hace apenas unos años.

Ya sea un tema de ideología, salud, cultura, mentalidad…antes de que de que una idea madure ya encontramos 254 interpretaciones sobre cómo deberíamos entenderla, y antes de tomar una decisión, aparecen otro puñado de recomendaciones, incluso sin buscarlas, que intentan orientarnos en direcciones opuestas.

Escuchar otras perspectivas es valioso, pero no ceder el espacio que necesitamos para vivir algo y poder elaborar una interpretación propia, porque eso complica una tarea que es nuestra:

distinguir qué parte de nuestras ideas nace nuestra reflexión y cuál procede, casi sin darnos cuenta, del entorno.

Las señales de que tu criterio empieza a diluirse

Como esa dificultad está tan bien infiltrada en nuestras vidas, no siempre la vivimos como una gran crisis personal.

Pero cuando llega, se nota.

Te descubres cambiando de opinión con cada nuevo contenido que consumes porque aunque escuchas argumentos sólidos, lees opiniones bien construidas, aun así, cuesta identificar cuál representa realmente tu manera de ver las cosas.

Lo vives como indecisión, como un freno. Algo que tira de tí y te impide avanzar porque el foco cambia constantemente.

Las redes sociales, la información disponible a cualquier hora, la necesidad de posicionarse rápidamente, los «expertos» que opinan sobre cualquier aspecto de la vida y la sensación de que siempre deberíamos tener una respuesta inmediata. Estos elementos pueden aporta conocimiento y amplíar nuestra forma de entender el mundo, pero también bloquear el pensamiento propio cuando todos actúan al mismo tiempo.

Es lo que tiene intentar construir una posición propia en medio de un flujo constante de voces ajenas, y puede ser agotador.

Estar informado no es lo mismo que tener criterio

Podemos pensar que una persona con criterio es alguien que sabe mucho o que tiene una opinión sobre cualquier tema. Pero saber mucho y tener criterio no son necesariamente la misma cosa.

Para nada.

El conocimiento nos permite ampliar la mirada, pero el criterio nos ayuda a decidir qué hacemos con él.

Es la capacidad de relacionar la información, contrastarla con la realidad que experimentamos, reconocer sus límites y llegar a una conclusión que no depende únicamente de la última opinión que hemos escuchado.

Se parece más a dejar reposar una fotografía en un cuarto oscuro que a disparar cientos de imágenes con el móvil que sigues acumulando.

He comprobado personalmente la facilidad para encontrar respuestas y la dificultad para decidir cuál de todas merece realmente formar parte de mi forma de entender el mundo. Y esa diferencia cambió por completo mi manera de distinguir el conocimiento de la elaboración personal.

He sentido esta saturación como estar en una habitación donde muchas personas hablan al mismo tiempo, sin que ninguna dejara espacio para escuchar las demás. Y cuando recibes estímulos constantes, dejas de elaborar con profundidad y empiezas a reaccionar.

Al vivir saltando de una interpretación a otra, comparando argumentos, cambiando rápidamente de referencia, cada vez encontraba menos momentos de silencio para integrar todo ese material.

Y ese es uno de los motivos profundos por los que Voz y Emociones evolucionara hacia otro lugar.

El criterio se construye elaborando, no acumulando

En Voz y Emociones hay una idea que atraviesa buena parte de lo que escribo, aunque no siempre sea protagonista:

recibir información no es lo mismo que integrarla.

Una idea necesita pasar por un proceso de contraste, de dudas y de relación con la propia experiencia. No siempre es cómodo, pero es la ñunica forma de que pase de ser una explicación ajena y a formar parte de una manera propia de entender la realidad.

Vivimos una realidad rápida y cambiante donde es casi imposible no tener la sensación de quedarse atrás. Pero muchas de las mejores decisiones nacen de concederse el tiempo suficiente para observar un problema desde distintos ángulos.

Daniel Kahneman explicaba en Pensar rápido, pensar despacio que el cerebro dispone de un sistema de pensamiento rápido e intuitivo y otro más lento y deliberado, y que ambos son necesarios. Si dejamos que casi todas nuestras opiniones se formen desde la reacción automática: ahí buscamos atajos mentales que nos hacen creer que controlamos lo que pensamos y juzgamos mal el peso real de lo que estamos aceptando.

Pensar despacio tampoco garantiza tener razón, pero aumenta las posibilidades de distinguir entre una idea que simplemente nos ha convencido y una idea que de verdad hemos comprendido.

Mujer escribiendo en un cuaderno en una cafetería mientras a su alrededor hay conversaciones, una televisión con un político y un hombre leyendo un periódico, simbolizando cómo desarrollar un criterio propio sin desconectarse del mundo.
Desarrollar un criterio propio no consiste en dejar de escuchar a los demás, sino en encontrar el espacio necesario para transformar la información en comprensión.

Escuchar a los demás sin perder tu propia voz

No es lo mismo estar abierto a otras perspectivas que depender de ellas.

Escuchar opiniones y aprender de otros amplía la mirada, pero si la referencia externa termina sustituyendo al juicio propio, tenemos un problema: perdemos la mirada propia

Se trata de ser capaces de escuchar sin desaparecer dentro de lo que escuchamos.

A veces imaginamos que para desarrollar un criterio propio tenemos que aislarnos del mundo o dejar de escuchar otras opiniones.

No funciona así.

Vivimos rodeados de información y sería absurdo intentar eliminar todas las influencias. Pero cuanto más tiempo llevo escribiendo sobre esto, más claro tengo algo: las mejores reflexiones no aparecen mientras sigo consumiendo contenido, sino cuando cierro la pantalla, paro y dejo de escuchar durante un rato.

Recuperar el criterio propio empieza por recuperar espacio para pensar

Comprender un argumento no significa haberlo hecho propio, igual que comer deprisa no es lo mismo que haber digerido lo que se ha comido.

En resumen, desarrollar un criterio propio requiere recuperar el espacio mental necesario para elaborar aquello que recibimos: pensar antes de adoptar una postura, dejar que una idea madure , experimentar una sensación, y aceptar que no siempre necesitamos tener una opinión o una respuesta inmediata sobre todo.

Creo que el criterio no se encuentra, se cultiva. Y para eso hace falta algo que hoy parece un lujo:

tiempo para pensar sin que nadie esté pensando por ti.


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