No sabía que rescatar una tórtola incluía hacer un máster intensivo en alimentación de aves.
Hace unos días encontramos una cría y, desde entonces, he consultado a veterinarios, tiendas de animales, refugios, vídeos de YouTube y, sí, también a ChatGPT.
La criatura pesa mucho menos que todas las dudas que me han surgido.
Tipo y cantidad de comida, temperatura, hidratación, precauciones por si transmiten enfermedades, cómo acompañarla… He leído veinte versiones distintas de lo mismo, escuchado algunas opiniones y, cuanto más buscaba, más difícil me resultaba saber cuál era la adecuada.
Si buscaba aclarar algo, añadía una duda y algún miedo más a la lista.
Solo de pensar que le puedo hacer daño, el estómago se me hace un nudo. Quiero hacer lo mejor para ella. Y, a la vez, sé que cada decisión que tomo puede implicar un riesgo.
Quiero estar segura antes de actuar. Pero ella necesita que actúe ahora, no cuando por fin me sienta 100% segura.
La parálisis por análisis no cabe aquí.
Creemos que reunir información nos va a dar seguridad, pero llega un punto en el que la suma de opciones no reducen la incertidumbre: la multiplican.
Así que voy con lo que tengo, no con lo que quisiera tener.
Con todas las consecuencias.
Porque aceptar la responsabilidad no es tener la certeza , es asumir que, cuando no la hay también hay que decidir qué riesgo estás dispuesta a correr.
No va de guiarse solo por la intuición, ni de dejar de escuchar a los demás. Va de poner límites a una búsqueda interminable de respuestas, de aceptar que las dudas van a seguir ahí y hacerte cargo de la decisión.
La tórtola, por cierto, sigue viva. Y con eso, de momento, me basta.
Os dejo, que toca papilla y Pollete me reclama.
Para darle una vuelta: ¿Cuánta certeza necesitas para atreverte a decidir eso que llevas tiempo aplazando?