De pequeña tenía un extraño hobby.
Me encantaba ordenar el cajón de mi escritorio, el baño, el salón, la cocina…
¿TOC?. Quizá.
¿Rarita?. Gracias.
A ver, que también jugaba y tenía amigos. Pero había momentos en los que sentía la llamada del caos.
Algo se proyectaba sobre mí como la señal de Batman en el cielo.
Y allá iba.
Aquello me daba una calma difícil de explicar.
El caso es que, como buena Virgo y con catorce mudanzas a mis espaldas, aprendí la necesidad de reorganizar los espacios y cómo hacerlo y, sobre todo…
para qué.
Tener espacio no significa que haya que llenarlo.
Porque la energía, como el polvo o la humedad, se acumula. En tu casa, en tu día a día, en tu cabeza y en tus decisiones.
Y pesa.
Y estanca.
Y hasta acaba oliendo raro.
Es el primer paso para distinguir lo que sigue teniendo sentido en tu vida de lo que ya no.
Casi siempre empieza por un cajón, un armario o una estantería.
Porque cuando empiezas a sacar dudas, «por si acasos», apegos y cosas que ya no reflejan quién eres, ocurre algo casi mágico.
Lo que empieza como ordenar un pequeño espacio suele terminar trayendo más claridad, más serenidad y, hasta una mejor relación con el tiempo y el dinero.
Y lo más importante: CONTIGO
De eso nos habla hoy Mónica Perela, de Mrs. Cleanor, organizadora profesional de casas y negocios.
De lo que hay detrás del desorden. Y de lo que llega cuando decides crearlo.
Y tú, ¿estás dispuesto/a a elegir qué se queda y qué se va?