La escena se repite:
Cola del super, sala de espera, parada de bus… el baño.
Y aparece “el monstruo”:
el vacío
El impulso de rellenar con un vídeo, un mensaje, una noticia…
Lo llamamos “aprovechar el tiempo”. Pero a veces es solo incapacidad de dejar
un hueco en paz.
¿Por qué nos cuesta tanto no hacer nada con eso?
Antes era normal. Esperar era esperar. Sin más.
Ahora ese tipo de presencia parece casi un lujo al alcance de pocos.
Hemos confundido vacío con pérdida de tiempo.
Lo hemos normalizado tanto que ese espacio que nos debería llenar nos genera sensación de carencia.
Y cada vez que lo rellenamos, dejamos menos sitio para que algo se asiente.
El problema es la acumulación automática.
Como comer sin hambre porque hay comida delante.
Pero la calma y la claridad no aparecen cuando añadimos. Aparecen cuando algo deja de ocupar su espacio.
La pregunta es simple, pero como siempre incómoda:
¿Qué estás evitando sentir cuando no dejas ese espacio en paz?