Magda Kinsley. Minimalismo mental para encontrar tu propia voz

Durante años, Magda Kinsley buscó respuestas en libros, formaciones y corrientes de desarrollo personal, pero como muchos hemos sentido, llegó un momento en el que acumular más información no siempre aportaba más claridad.

Su experiencia conecta con una realidad cada vez más común:

vivimos rodeados de consejos, herramientas y conocimientos, pero muchas veces nos cuesta ordenarlos, integrarlos y convertirlos en cambios reales.

Por eso esta conversación encaja especialmente bien en Voz y Emociones, donde también busco reducir el ruido mental para recuperar criterio propio y capacidad de decisión. La pregunta es inevitable:

¿Qué ocurre cuando dejamos de buscar más respuestas y empezamos a ordenar las que ya tenemos?

Quién es Magda Kinsley

Magda Kinsley es autora, divulgadora y creadora de contenidos centrados en el desarrollo personal, la reflexión y el minimalismo mental.

A través de sus libro Minimalismo Mental, su pódcast y sus publicaciones comparte ideas orientadas a simplificar la relación que mantenemos con nuestros pensamientos, nuestras creencias y el exceso de información para calmar la mente y vivir con más serenidad en este mundo acelerado.

Su trabajo parte de una experiencia personal. Tras años intentando adaptarse a caminos profesionales y dicho en su palabras «viviendo una vida diseñada por otro», comenzó un proceso de búsqueda que la llevó a cuestionar muchas de las ideas que había dado por válidas.

Con el tiempo descubrió que el problema no era la falta de información, sino la dificultad para integrarla y, un sentido práctico y llevarla a la vida cotidiana.

Frente a la tendencia que nos impulsa a acumular más conceptos, más métodos y más teorías, Magda propone una idea sencilla pero poderosa:
a veces el cambio empieza cuando reducimos el ruido y aprendemos a ordenar mejor lo que ya sabemos.

Entrevista a Magda Kinsley

Durante mucho tiempo has dicho que viviste una vida diseñada por otros y que sentías que no encajabas en ella. ¿Qué experiencia o circunstancia cambió tu forma de ver las cosas y te impulsó a buscar tu propio camino?

Hubo un momento en mi vida en el que eché la vista atrás e hice inventario: había dejado la entidad bancaria donde trabajaba para dedicarme a escribir, después trabajé como correctora de estilo y como administrativa en una fundación. T

ras analizar mi trayectoria, me di cuenta de que ninguno de esos empleos me satisfacía y de que me negaba a conformarme con sobrevivir y actuar conforme a lo que se esperaba de mí como consecuencia de mi formación universitaria, así que tuve que tomar una decisión.

¿Cuál era el problema? En realidad, había dos cuestiones que jugaban en mi contra: me encantaba escribir, pero hoy en día es complicado vivir exclusivamente de la literatura, y me apasionaba el tema del desarrollo personal, pero carecía de formación para dedicarme profesionalmente a ello.

Finalmente, dado que sentía que para mí era importante desempeñar un trabajo que me llenara personalmente, opté por seguir escribiendo y, adicionalmente, estudiar la carrera de Psicología para asegurarme de que podía continuar publicando libros y, a la vez, me aseguraría un sustento económico trabajando como psicóloga. Actualmente sigo trabajando de administrativa a tiempo parcial y dedico mi tiempo libre a estudiar.

En ese proceso de búsqueda consumiste una gran cantidad de libros y contenidos sobre desarrollo personal. ¿En qué momento te diste cuenta de que acumular información no era suficiente para generar un cambio real?

Fui consciente de ello al poco de iniciar mis estudios de Psicología, antes de decidirme a escribir Minimalismo mental, porque me daba cuenta de que, a pesar de tener mucho bagaje literario, este no estaba organizado en mi mente. Así, cuando necesitaba profundizar en algún tema (miedos, autoexigencia, etc.), sabía que tenía muchas fuentes a las que recurrir y, paradójicamente, esa abundancia me saturaba porque no sabía por dónde empezar.

Por eso se me ocurrió escribir el libro, como una guía breve sobre la gestión de emociones donde pudiera acudir cuando se presentaba una en concreto.

¿Qué crees que suele fallar cuando intentamos llevar las ideas del desarrollo personal a la vida cotidiana? ¿Por qué resulta tan difícil integrar lo que aprendemos?

Pienso que tenemos mucha prisa por “arreglar” lo que nos ocurre, en lugar de pararnos a reflexionar sobre el motivo por el que nos pasan ciertas cosas. Leemos muchos libros de psicología positiva con la esperanza de que, al cerrarlos, mágicamente nuestros problemas estén resueltos, y en mi experiencia, me he dado cuenta de que la vida no funciona de ese modo.

No es que la vida sea difícil en sí, sino que creo firmemente que está diseñada para enseñarnos, para que vayamos aprendiendo a medida que nos pasan cosas, de modo que si tratamos de solucionar los “problemas” rápidamente, lo único que conseguiremos es poner un parche, pues a la larga, eso que tanto nos molesta, volverá a aparecer para que aprendamos.

Solo cuando lo hagamos desaparecerá de nuestras vidas para siempre.

Hablas de «minimalismo mental» como una alternativa al exceso de información. ¿Qué significa realmente este concepto y qué es lo primero que debería comprender una persona que quiere empezar a aplicarlo?

Me gusta el concepto de “minimalismo mental” porque sugiere una mente con poca información. Esto puede parecer negativo, en un primer momento:

¿no será mejor tener mucha información en vez de poca?

Lo que pretendo transmitir con este concepto es la idea de que es más útil tener menos ideas, pero de mayor calidad, que sean útiles en lugar de acumularse en nuestra mente sin aportar nada.

Tenemos demasiados pensamientos al día y muy pocos son realmente valiosos. Es importante bajar el volumen de los que no nos sirven o no podremos vivir plenamente.

Por eso, cualquier persona que desee iniciarse en el minimalismo mental, debería preguntarse si el pensamiento que está teniendo en un momento determinado le sirve para algo o no. Así de simple.

Al principio, cuesta incorporar este hábito, pero a base de repetirlo, se acaban aceptando o desechando pensamientos de forma automática, y eso proporciona mucha paz mental. 

¿Qué tipo de ruido mental crees que es más frecuente hoy en día? ¿Qué señales pueden indicar que estamos tomando decisiones desde ese ruido y no desde la claridad?

Creo que la mayor fuente de ruido mental hoy en día son las redes sociales. No digo que sean malas en sí mismas, pero el uso abusivo que hacemos de ellas provoca mucho cansancio mental. El scrolling hace mucho daño a nuestras mentes: perdemos capacidad de atención, nos provoca cansancio mental y nos vuelve cada vez más impacientes.

Lo peor es que no somos conscientes de la cantidad de tiempo que pasamos con el móvil. A veces pienso la cantidad de páginas de un libro que podríamos leer cada día si unimos todos los tiempos sueltos que hemos permanecido sumergidos en las redes a lo largo de la jornada. Tengo la sensación de que el resultado sería impactante. 

Podemos darnos cuenta de que tomamos decisiones desde el ruido mental cuando no sentimos paz, cuando las tomamos para cubrir el expediente e inmediatamente pasamos a otra cosa, y así una y otra vez.

Una decisión tomada desde una mente en calma proporciona alivio infinito, no porque estemos seguros del éxito del resultado, sino porque sabemos que la hemos tomado de forma meditada, poniendo nuestra mejor voluntad y nuestros recursos disponibles en ese momento.

Muchas veces, el resultado de esa decisión está influido por factores sobre los que tenemos poco o ningún control.

Muchas personas sienten que viven con demasiadas cosas en la cabeza. ¿Qué cambios observas cuando alguien empieza a aplicar ese minimalismo mental en su día a día?

Por experiencia, aplicar el minimalismo mental nos aporta mucha paz interior, y eso nos hace ser más tolerantes ante las adversidades, más resilientes y, sobre todo, más disfrutones. De pronto, una actividad sencilla que antes no valorábamos, se vuelve extremadamente placentera y ello nos lleva al siguiente paso en el crecimiento personal, que es el cultivo de la gratitud.

Nos damos cuenta de que con menos pensamientos, pero más valiosos, vivimos mejor, no perdemos calidad de vida, como se podría pensar en un momento debido al dichoso FOMO. No pasa nada si nos perdemos cosas porque la mayoría de ellas no nos interesan, aunque creamos lo contrario.

A mí, a veces me dicen que vivo en mi mundo y lo hacen de forma despectiva. Yo estoy muy orgullosa de vivir en mi mundo porque es el que yo he diseñado para mí y el que me produce mayor felicidad. No me importa perderme cosas porque no todo lo que hay ahí fuera es bueno para mí.

Se trata de aprender a seleccionar qué dejamos entrar en nuestra mente y qué no. 

Mientras escribías Minimalismo mental comentas que sentías cómo sanaban heridas antiguas y profundas. ¿De qué manera te ayudó el proceso de escritura a comprenderte mejor o a transformar aspectos de tu propia historia?

La escritura es una herramienta terapéutica increíble cuyos resultados a menudo sorprenden. Solemos pensar que si reflexionamos concienzudamente sobre sus problemas basta para hallar respuestas, sin embargo, la escritura aporta mucho más. Cuando escribimos, centramos el problema, lo hacemos concreto y visible, lo que allana el camino para profundizar en él. Al escribir, dejamos de prestar atención al resto de pensamientos que nos agobian, con lo que esa parte de ruido mental queda silenciada.

Lo maravilloso de escribir es que nos ayuda a soltarnos, a conocer partes de nosotros mismos que ni siquiera imaginamos que están ahí porque estamos demasiado ocupados en el día a día para dejarlas salir. A menudo he encontrado nuevos puntos de vista para encarar situaciones en las que estaba estancada gracias a la escritura. Es como dejar salir a nuestro subconsciente, le damos permiso para que campe a sus anchas por el papel y lo que nos muestra puede dejarnos boquiabiertos.

Siempre recomiendo dedicar 10 minutos al día a escribir sobre lo que hemos vivido, aquellas situaciones que nos han emocionado (positiva o negativamente) y sobre lo mejor que nos ha pasado durante la jornada. 

Existen muchos libros sobre bienestar y desarrollo personal. ¿Qué aporta Minimalismo mental de diferente y cuál dirías que es su idea central?

Minimalismo mental es como un manual de emociones con “píldoras” para sanarlas o, al menos, transitarlas de forma menos dolorosa.

Creo que es muy práctico porque no hace falta leerlo del tirón, sino que cuando el lector siente una emoción, le basta con revisar el índice e ir directo al capítulo donde yo he vivido ese problema y donde le ofrezco una vía para encararlo. 

¿Qué mito del bienestar o qué idea repetida dentro del desarrollo personal te resulta más cuestionable o más alejada de la realidad?

La idea manida de que “si tú quieres, puedes”.

No dudo de la buena intención de quienes promulgan este lema como una solución definitiva, pero por desgracia, no todo el mundo puede. A veces, hay temas biológicos subyacentes que impiden a la persona salir del pozo por sí misma y que hacen necesaria la ayuda de un profesional de la salud mental que le  aporte las herramientas necesarias para avanzar.

Una persona en esta situación puede sentir una tremenda frustración al intentar algo y no conseguirlo, porque esos mensajes supuestamente positivos le hacen creer que su fracaso es única y exclusivamente culpa suya, lo cual le hace entrar en un bucle de pensamiento muy dañino.

Además, hay que tener en cuenta que no todos disponemos de los mismos recursos a nivel de iniciativa, confianza, capacidad de análisis, entusiasmo, etc. Pienso que el mensaje de “si tú quieres, puedes” puede aportar mucho a aquellas personas sanas mentalmente que están decididas a progresar en algún aspecto de su vida. Puede ser un motor de arranque y ayudarlas a ponerse en acción. Cuando uno se centra en algo, gracias al sistema reticular ascendente, su cerebro se pone en marcha y la persona descubre nuevas oportunidades a su alrededor que pueden contribuir al logro de su objetivo.

Es cierto que la actitud es muy importante, pero en ocasiones, no es suficiente.

Si tuvieras que resumir en una sola idea aquello que más ha cambiado tu forma de vivir y de relacionarte contigo misma, ¿cuál sería?

Personalmente, he aprendido a dialogar conmigo misma en un tono amable (antes no lo hacía) y sobre todo, a escucharme, en lugar de comportarme como se espera socialmente. Ahora me caigo mucho mejor y no intento encajar. Procuro aportar valor al mundo y ya no considero personal ningún ataque hacia mí.

Mi paz mental ha aumentado, aunque por supuesto, ¡estoy a años luz de ser una persona totalmente zen! Pienso que el desarrollo personal se trabaja toda la vida.

Para alguien que se siente constantemente desbordado por sus pensamientos, la información o las exigencias del día a día, ¿qué pequeña acción recomendarías poner en práctica esta misma semana para empezar a recuperar algo más de claridad?

Le propondría elegir un solo aspecto de su vida (ya tendrá tiempo para trabajar sobre los demás) y poner sobre el papel tres cuestiones:

  • ¿Cómo se ve esa persona en relación con ese tema?
  • ¿Cómo le gustaría verse de aquí a un tiempo (una semana, un mes…)?
  • ¿Qué acciones puede llevar a cabo a partir de ya para alcanzar su ideal?

Una conversación para seguir pensando, pero mejor.

La experiencia de Magda Kinsley recuerda algo que a menudo pasamos por alto: el problema no siempre es la falta de respuestas, sino el exceso de información sin integrar.

Su propuesta de minimalismo mental no invita a pensar menos, sino a pensar con más intención, seleccionando aquello que realmente aporta valor y dejando espacio para encontrar una voz propia.

Donde encontrar a Magda

Puedes conocer más sobre el trabajo de Magda Kinsley en en su página web y su pódcast

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Esta conversación forma parte de la serie de entrevistas de Voz y Emociones. Accede aquí al listado completo.

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