CONTENIDO
Multitarea y cerebro: la falsa sensación de ser más productivo
Hay algo curioso que nos ocurre a veces.
Nos sentamos para hacer una tarea sencilla.
Responder unos correos.
Escribir un documento.
Leer algo importante.
Y cinco minutos después estamos en otro sitio.
Una notificación.
Una búsqueda rápida.
Un mensaje.
Una pestaña que acabamos de abrir «solo un momento».
Entonces volvemos a la tarea inicial. O al menos lo intentamos. Porque una parte de la atención ya se ha ido a otro lugar.
Y aunque parezca una tontería, repetir este proceso decenas de veces al día acaba teniendo consecuencias.
No suele sentirse como un gran problema.
No hay una alarma que se encienda.
No aparece una señal evidente que diga: «estás fragmentando tu atención».
Simplemente llega un momento en que concentrarse se vuelve más difícil. Como si la mente hubiera perdido la costumbre de permanecer.
Cuando estar ocupado deja de significar avanzar
Vivimos rodeados de una idea que parece incuestionable.
Si hacemos más cosas, aprovechamos mejor el tiempo.
Si respondemos rápido, somos eficientes.
Si atendemos varias cosas a la vez, somos productivos.
Y sin darnos cuenta empezamos a medir nuestros días por cantidad de movimiento.
Pero movimiento y avance no son lo mismo.
Todos hemos tenido días llenos hasta arriba.
Días donde no hemos parado.
Días donde hemos respondido mensajes, atendido asuntos pendientes, revisado documentos, hecho llamadas y saltado de una tarea a otra continuamente.
Y aun así, al terminar, aparece una sensación extraña. La sensación de haber estado ocupado todo el día sin haber profundizado realmente en nada.
Como correr en una cinta de gimnasio.
Hay esfuerzo.
Hay actividad.
Pero no hay desplazamiento.
Lo que realmente ocurre cuando cambiamos constantemente de tarea
La multitarea tiene buena prensa. Y aparece frecuentemente en los requisitos de las ofertas de empleo
Suena moderna.
Suena eficiente.
Incluso suena inteligente.
Pero la realidad suele ser mucho menos espectacular. Porque la mayoría de las veces no estamos haciendo varias cosas a la vez.
Estamos cambiando constantemente entre ellas. Y cada cambio tiene un pequeño coste.
El problema es que ese coste no se nota inmediatamente.
Se acumula.
Cuando dejamos una tarea para mirar otra cosa, una parte de nuestra atención sigue conectada a lo anterior.
Cuando volvemos, necesitamos unos segundos para recordar dónde estábamos.
Para recuperar el hilo.
Para reconstruir el contexto.
Parece insignificante. Pero cuando esto ocurre decenas de veces al día, la atención termina funcionando como un espejo roto.
Está presente. Pero repartida en demasiados fragmentos.
La atención no se rompe de golpe
Lo engañoso de este problema es que no aparece de un día para otro. No te despiertas una mañana incapaz de concentrarte.
Es algo mucho más gradual.
Primero te acostumbras a revisar el móvil constantemente.
Después empiezas a cambiar de tarea con más frecuencia.
Luego te cuesta permanecer demasiado tiempo en una sola actividad.
Y finalmente aparece algo que muchas personas interpretan mal.
Empiezan a creer que han perdido capacidad de concentración.
Que tienen menos disciplina.
Que antes eran más productivas.
Que algo funciona peor en ellas.
Pero quizá no sea eso.
Quizá simplemente hemos entrenado nuestra atención para cambiar constantemente de dirección.
Y una atención entrenada para cambiar tiene dificultades para quedarse.
El agotamiento que no parece agotamiento
Cuando pensamos en cansancio solemos imaginar falta de energía.
Pesadez.
Necesidad de descansar.
Pero existe otro tipo de agotamiento más difícil de identificar. El que aparece cuando la atención no consigue asentarse en ningún sitio.
Porque cada interrupción exige un pequeño reajuste.
Cada cambio de contexto obliga a recolocarse.
Cada salto consume recursos mentales.
Y al final del día no siempre sentimos cansancio físico.
Sentimos saturación.
Dispersión.
Irritabilidad.
La sensación de que la mente ha trabajado mucho más de lo que realmente ha producido.
Y eso genera frustración.
Porque desde fuera parece que hemos estado haciendo cosas todo el tiempo.
El error que solemos cometer
Cuando empezamos a notar esta dispersión, solemos buscar soluciones en el lugar equivocado.
Más organización.
Más aplicaciones.
Más planificación.
Más sistemas.
Más productividad.
Y aunque algunas herramientas pueden ayudar, ninguna resuelve el problema de fondo si la atención sigue siendo interrumpida continuamente.
Porque no estamos ante un problema de organización.
Estamos ante un problema de continuidad.
La atención necesita tiempo para profundizar.
Necesita cierta estabilidad.
Necesita permanecer.
Y eso no se consigue añadiendo más sistemas. Se consigue reduciendo interrupciones innecesarias.
La profundidad necesita permanencia
Hay algo que estamos perdiendo poco a poco y apenas hablamos de ello.
La capacidad de permanecer.
Permanecer en una conversación.
Permanecer en una lectura.
Permanecer en una tarea.
Permanecer en una idea el tiempo suficiente para que madure.
Hoy casi todo compite por nuestra atención. Y cuando todo compite, la profundidad se vuelve cada vez más difícil.
No porque seamos menos capaces.
No porque nos falte inteligencia.
Sino porque la atención necesita continuidad para desarrollarse.
Y la continuidad necesita algo que escasea cada vez más: espacios sin interrupciones.
Cómo aparece el foco
Quizá no necesitas esforzarte más.
Quizá no necesitas otro método para organizar tu tiempo.
Quizá el cambio empieza en algo mucho más sencillo.
Hacer una cosa. Y permanecer en ella un poco más de lo habitual.
No porque sea una técnica milagrosa. Sino porque la atención funciona mejor cuando deja de estar saltando constantemente entre estímulos.
A veces la claridad no aparece haciendo más cosas. Aparece cuando dejamos de cambiar de una a otra todo el tiempo.
Muchas veces creemos que nos falta disciplina cuando en realidad nos sobra interrupción.
Creemos que hemos perdido capacidad de concentración cuando quizá solo hemos entrenado nuestra atención para vivir fragmentada.
Y cuanto más nos acostumbramos a cambiar constantemente de foco, más difícil resulta permanecer.
Porque la multitarea no siempre nos hace avanzar más. A veces simplemente nos aleja de la profundidad que estamos buscando.